.Por: Rebeca Mejía
Después se nos han ido juntando más, y ya ve
Hacemos la lucha como podemos.
Demetrio Macías
La novela “Los de Abajo” de Mariano Azuela retrata una realidad, experimentada por el autor al haber fungido como médico militar durante la Revolución Mexicana. Una realidad muy discutida entre los especialistas del tema al hablar de la Revolución Mexicana como un proceso que involucró a distintos actores que, más que estar unidos por una causa, parecían en realidad sujetos diferentes que contrastaban, pensaban y luchaban aunque no sabían realmente por qué lo hacían. En pocas palabras, se nos presenta una revolución como un movimiento social fragmentado.
Con un lenguaje sencillo que no necesita de ornamentación, para introducirnos al ambiente crudo y hostil de la Revolución Mexicana, Mariano Azuela nos acerca a “La Toma de Zacatecas” de una manera muy humana, muy coloquial, con personajes de carne y hueso, reales, con todas las virtudes y defectos propios del ser humano.
Luis Cervantes, apodado “El Curro” en la novela, es el primero en mencionar que “La caída de Zacatecas es el Requiescat in pace de Huerta.” Dicho esto, “El Curro” se sintió como un don nadie y, en cierta forma lo era, puesto que sus compañeros revolucionarios sabían su origen de mediana posición, a diferencia de todos ellos de entrañas humildes y campesinos, no lo sentían como un igual, especialmente Demetrio Macías campesino originario de Juchipila.
La Revolución Mexicana vista por estos dos hombres es una prueba de la diferencia entre el idealismo de unos cuantos y la realidad de las grandes minorías. Demetrio que luchaba sin ambiciones, quien antes de la Revolución gozaba de una familia y tierra, que no le hacía falta nada y, sin embargo, estaba ahí, como muchos otros “haciendo la lucha como se pueda”. Visión que contrasta con la de “El Curro” quien narra los hechos acaecidos luego de la muerte de Francisco I. Madero, tanta muerte ¿Para qué? Para que unos cuantos bribones se enriquezcan y todo quede igual o peor que antes. No. Según “El Curro” todos eran elementos de un gran movimiento social que debía concluir para obtener el engrandecimiento de la patria.
Azuela retrata muy bien cómo la táctica de ataque no era planeada, como le hubiera gustado al “Curro”, se trataba más bien de caerle de sorpresa al enemigo, con el riesgo, por supuesto, de que los federales los rebasaran en número y armas. Nos narra además un dato histórico por demás interesante, que sería el preámbulo de “La Toma de Zacatecas”.
La llegada de Demetrio a Fresnillo con cien hombres, fue durante los mismos días en que el general Natera inició los avances de sus fuerzas sobre la plaza de Zacatecas. La misión del general fracasó rotundamente y, por ello mandó pedir refuerzos a Venustiano Carranza quien ordenó a Pancho Villa el envío de aproximadamente cinco mil hombres. Villa, sin embargo, creyó más conveniente que marchar junto a toda su División, esto irritó a Carranza pues percibía el poder alcanzado por Villa y con esto repitió la orden. Bajo estas circunstancias Villa renunció, Carranza aceptó pero las tropas siguieron al primero. Esto significó la ruptura definitiva entre Villa y Carranza, y los rumores de la llegada del Centauro del Norte a Zacatecas se esparcieron como pólvora.
Azuela nos narra la noche del encuentro entre Natera y Demetrio Macías por demás caluroso. Mientras que Luis Cervantes “El Curro” era asediado de preguntas por un sujeto que había perdido la fe en la Revolución. ¿Cómo era posible que una persona que había escrito para El país en tiempos de Madero estuviera con “la bola”? Aun así, esa noche Demetrio era ya Coronel y “El Curro” su Secretario.
Los vecinos de Fresnillo sabían que “los gorrudos” no tardarían en llegar, luego del fracaso de la toma de la plaza de Zacatecas. Pero el entusiasmo de los hombres de Demetrio iba en aumento con la palabra mágica “Villa”. “El Napoleón Mexicano, el águila azteca que había clavado su pico de acero sobre la cabeza de víbora de Victoriano Huerta.” Todos contaban sus hazañas, los combates de Ciudad Juárez, Tierra Blanca, Chihuahua y Torreón, además de su riqueza, sus trenes enteros de parque y armamento e incluso de sus aeroplanos. Lo cierto era, sin embargo, que ninguno de ellos le había visto nunca. Pancho Villa era leyendas de oídas. Leyendas de las que nadie dudaba.
Finalmente la batalla. Los estallidos de la fusilería constantes, los escondites entre cerros, el avance sobre las trincheras de los federales, los proyectiles que pasaban zumbando, el cerro de la Bufa “con su crestón, como testa empenachada de altivo rey azteca” vislumbraba y era parte de todo el escenario de la batalla.
Azuela nos describe un 23 de junio en Zacatecas de 1914 con “la humareda blanca de la fusilería y los negros borbotones de los edificios incendiados, refulgían al claro sol casas de grandes puertas y múltiples ventanas, todas cerradas; calles en amontonamiento, sobrepuestas y revueltas en vericuetos pintorescos, trepando a los trenes circunvecinos. Y sobre el caserío risueño se alzaba una alquería de esbeltas columnas y las torres y cúpulas de las iglesias.”
Poco a poco el sabor de la victoria comenzaba a llegar a las bocas de aquellos hombres que tenían sed y hambre. Se tomó la ciudad con éxito, sin embargo, las muertes fueron muchas más de las estimadas. Fue un duro golpe para las fuerzas federales, del cual no se recuperaron inmediatamente, por el contrario decidieron retrasar el avance de las tropas hacia la ciudad de México.
Demetrio y sus hombres se convirtieron en leyenda después aquél día. Pero la lucha continuaba, de manera confusa y los hombres, conforme a diversos acontecimientos políticos, se dispersaron, la Revolución poco a poco comenzó a no tener ningún caso para la mayoría y, cuando estaba a punto de desaparecer, los tiempos se vislumbraban sombríos y nostálgicos, en especial para aquellos que nunca se rindieron, que no aceptaban el final, aquellos que, si la Revolución terminaba su vida entera no tenía sentido. Hombres como Demetrio Macías, con los ojos fijos, siguieron apuntando el cañón…
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