Por: Rebeca Mejía López
Publicado en La Gualdra La Jornada Zacatecas
El capítulo VIII “La Aventura del Vizcaíno” de la primera parte de El Quijote queda trunca y con ello el autor se permite hacer una declaración, a modo de disculpa, para los lectores de esta maravillosa historia. Así, el capítulo IX, “Hallazgo del manuscrito”, se ofrece al lector una explicación de por qué la pasada aventura queda tan abruptamente interrumpida.
La explicación resulta fascinante e intrigante en muchos sentidos, pues Cervantes dice que el autor de ésta historia no dejó noticia de dónde podría hallarse la parte faltante. Así Cervantes explica que se halló en un estado de pesadumbre el no encontrar pista alguna que pudiera referirse al final de la aventura y, además, un sentimiento de sorpresa porque parecía casi imposible y fuera de buena costumbre que a tan buen caballero le hubiese faltado algún sabio que tomara a cargo el escribir sus nunca vistas hazañas, cosa rara en los verdaderos caballeros andantes.
Finalmente la angustia del autor se vio resuelta un día que paseaba por Alcaná de Toledo, donde se encontraba un muchacho que vendía cartapacios y papeles viejos en un sendero. Así, el autor, aficionado a leer papeles rotos en las calles tomó uno de éstos que parecía contener caracteres arábigos. Pero como no sabía leer el idioma le preguntó al muchacho que contenían los papeles, así comenzó a leerlos en susurro y de pronto se echó a reír.
El autor intrigado de aquella risa, le preguntó que la causaba y éste respondió: Está, como he dicho, aquí al margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Tobos tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de la Mancha”.
Antes esto, el autor de la historia pidió todos los documentos que tratasen sobre aquellas aventuras, los cuales eran muchos y llevaban por título: “Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo”. Como he dicho, el autor no sabía árabe por lo que llevó los documentos a traducir para continuar con el relato de las hazañas de Quijote y su fiel acompañante Sancho.
Apegarse a los documentos es una fidelidad muy importante, ya que no es correcto que la pluma se extienda partiendo del juicio personal, pues el autor dice que: Habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y nonada apasionados, y que ni el interés, ni el miedo, el rencor ni la afición, les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de acciones, testigo del pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia del porvenir.
Cervantes crea una interacción entre autor y lector formidable, haciéndolo dudar y divirtiéndolo con esa mezcla de ficción e historia. Por otro lado, ¿Qué es la historia? ¿Quiénes la hacen y con qué fines? ¿Académicos, políticos, intelectuales? ¿Cuáles, de todos los relatos históricos, siguen el camino de la verdad?
Publicado en La Gualdra La Jornada Zacatecas
Ninguna historia es mala como sea verdadera.
El capítulo VIII “La Aventura del Vizcaíno” de la primera parte de El Quijote queda trunca y con ello el autor se permite hacer una declaración, a modo de disculpa, para los lectores de esta maravillosa historia. Así, el capítulo IX, “Hallazgo del manuscrito”, se ofrece al lector una explicación de por qué la pasada aventura queda tan abruptamente interrumpida.
La explicación resulta fascinante e intrigante en muchos sentidos, pues Cervantes dice que el autor de ésta historia no dejó noticia de dónde podría hallarse la parte faltante. Así Cervantes explica que se halló en un estado de pesadumbre el no encontrar pista alguna que pudiera referirse al final de la aventura y, además, un sentimiento de sorpresa porque parecía casi imposible y fuera de buena costumbre que a tan buen caballero le hubiese faltado algún sabio que tomara a cargo el escribir sus nunca vistas hazañas, cosa rara en los verdaderos caballeros andantes.
Finalmente la angustia del autor se vio resuelta un día que paseaba por Alcaná de Toledo, donde se encontraba un muchacho que vendía cartapacios y papeles viejos en un sendero. Así, el autor, aficionado a leer papeles rotos en las calles tomó uno de éstos que parecía contener caracteres arábigos. Pero como no sabía leer el idioma le preguntó al muchacho que contenían los papeles, así comenzó a leerlos en susurro y de pronto se echó a reír.
El autor intrigado de aquella risa, le preguntó que la causaba y éste respondió: Está, como he dicho, aquí al margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Tobos tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de la Mancha”.
Antes esto, el autor de la historia pidió todos los documentos que tratasen sobre aquellas aventuras, los cuales eran muchos y llevaban por título: “Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo”. Como he dicho, el autor no sabía árabe por lo que llevó los documentos a traducir para continuar con el relato de las hazañas de Quijote y su fiel acompañante Sancho.
Apegarse a los documentos es una fidelidad muy importante, ya que no es correcto que la pluma se extienda partiendo del juicio personal, pues el autor dice que: Habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y nonada apasionados, y que ni el interés, ni el miedo, el rencor ni la afición, les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de acciones, testigo del pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia del porvenir.
Cervantes crea una interacción entre autor y lector formidable, haciéndolo dudar y divirtiéndolo con esa mezcla de ficción e historia. Por otro lado, ¿Qué es la historia? ¿Quiénes la hacen y con qué fines? ¿Académicos, políticos, intelectuales? ¿Cuáles, de todos los relatos históricos, siguen el camino de la verdad?

Comentarios
Publicar un comentario